El Efecto Amazon

La extensión del acceso a internet y la emergencia de enormes proveedores de servicios a su amparo han revolucionado el mercado tanto en el lado de la oferta -empresas- como en la demanda -consumidores-. Este fenómeno se ha traducido en una drástica reducción de los costes de transacción y en un incremento de la competencia en numerosos sectores con un evidente beneficio para los consumidores. Sin embargo, un buen número de académicos, políticos, gobiernos, reguladores y, por supuesto, competidores ven en compañías como Amazon o Google, por citar dos casos emblemáticos, un riesgo a medio y largo plazo para la preservación del orden competitivo e, incluso, para la libertad individual por su posible control de la información y, con ella, la consecución de un poder incontrolado. Ello sería la consecuencia de la supuesta tendencia de ese tipo de plataformas a consolidar posiciones monopolísticas anticompetitivas de manera permanente y a abusar de ellas.

De entrada, las críticas de las empresas tradicionales al denominado, para simplificar, efecto Amazon son comprensibles. El impacto del comercio digital sobre los modelos clásicos de negocio, sobre las expectativas de los consumidores y sobre la competencia supone una drástica mudanza de paradigma a la que no resulta fácil adaptarse. No sólo ha alterado de modo sustancial los hábitos y las formas de consumo, sino que ha convertido en obsoletos buena parte de los sistemas convencionales de distribución. La gente puede acceder virtualmente a cualquier servicio o producto que necesite o desee a través de su teléfono móvil, recibirlo casi de inmediato y a un precio bajo. Si bien esta afirmación parece o es incuestionable, el debate estriba en determinar si esas ganancias para los consumidores son efímeras y desaparecerán cuando los reyes del comercio digital consoliden una situación de monopolio.

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